Normalización


Normalización es el principio, la concepción, que nos lleva a conocer el contexto, el departamento, todos los ámbitos escolares para saber situarnos en ellos y dominar la situación.

 

Este principio lo dirigimos al alumnado y al profesorado.


Entendemos, también por normalización, poner en orden las cosas, la mente, los afectos, la vida.


El orden en nuestros afectos, en nuestra mente, en las cosas, en la vida, nos serena, amplia el autoconocimiento, nos libera y nos da perspectiva para pensar el pasado, vivir el presente y proyectar el futuro. No obstante, el estilo y la necesidad del orden es algo muy personal.


Este principio lo enmarcamos en la realidad palpable.


Hay que poner en orden, en funcionamiento, todo el Centro escolar.

 

Este principio lo aplicamos de manera continua.


Es tarea de todo el curso, pero hay momentos que requieren un esfuerzo especial: comienzo de curso, cambio de sector, organización del alumnado, sustituciones del profesorado...

 

Todas las personas, necesitamos un proceso de normalización, de poner y ponernos en orden, de situarnos y dominar la situación, para que ella no nos domine. Pero el comienzo del curso es la etapa de normalización por excelencia.

 

Esta etapa implica a la comunidad educativa y, en especial, al equipo docente desde la función que cada persona desempeña, por ser éste el responsable último del currículo escolar.

 

Para el profesorado, esta etapa de normalización comienza, cada curso, desde el momento en que llegamos a la escuela. Se intensifica durante esos días que estamos en el Centro sin el alumnado. Hay que organizar al profesorado, a través de la adscripción. Hay que poner en funcionamiento las estructuras. Hay que poner en orden, en funcionamiento la secretaría, los comedores escolares, los autobuses, las actividades deportivas. Hay que revisar los agrupamientos del alumnado. Planificar su llegada y recibimiento, así como las primeras entrevistas con las familias.

 

Cada profesor o profesora tiene que preparar, en primer lugar, sus previos: ese querer. Ese tomar conciencia y poner a punto la primera fase: espacio, tiempo, agrupamientos, recursos. Ver si todo está en condiciones, Si hay que renovar los métodos de trabajo porque se han deteriorado. Es situarse: yo, en el departamento, yo, en cada contexto.

 

Tiene que poner en orden las ideas, sobre la segunda fase. Conocer los contenidos, los objetivos, las esencias y tener a mano las pistas de seguimiento de cada contexto. Es un recorrido individual o con ese sector del seminario que llamamos paralelo, es decir, profesorado que trabaja en el mismo departamento, pero con otro alumnado.

 

El profesorado, también, necesita poner en orden la tercera fase: conocer el historial de cada uno de los alumnos o alumnas, para visualizar esa acogida afectiva y orientar la intervención. Mentalizarse, conocer e interiorizar cada día más, el proyecto educativo, los objetivos generales y así poder resituar los previos para poder intervenir desde la concepción.

 

Un elemento básico y de gran ayuda para que el profesorado consiga todo esto, es la carpeta del departamento, que contiene los documentos claves de concepción y de funcionamiento.


Estos documentos pueden ayudar en la puesta en marcha, en su profundización, así como en adquirir una visión de síntesis.

 

Desde la conciencia que el profesorado ha tomado de los elementos claves del currículo, normalizar es intervenir para que, progresivamente, también el alumnado, tome conciencia de dichos elementos, así como de los previos al aprendizaje.

 

Es fundamental que el alumnado se sienta acogido tal y como es. Desde ese momento, comienza el periodo básico de normalización, al que dedicamos prácticamente, el mes de septiembre. Se trabaja con jornada de mañana, Se está elaborando el horario definitivo. A veces, incluso, puede faltar alguna profesora o profesor que todavía no ha sido asignado al centro. No está todo totalmente organizado. Puede ocurrir, por ejemplo, que un profesor o profesora que no ha interiorizado suficientemente este principio, para normalizar, se ponga a dictar, de un libro que ha cogido al azar o proponga al alumnado resolver una serie de problemas etc. para ver en qué nivel se encuentra.
¡Nos han recalcado tanto que hay que saber de dónde parte el alumnado! Como si un dictado de un libro tomado al azar, nos pudiera desvelar el enigma. También yo, profesora, puedo caer en la tentación de dedicarme a dar explicaciones en clase magistral, para que avancen más rápidamente o para prevenir fallos. Si eso fuese verdad, seguiríamos con la clase magistral como elemento base y sin respetar el ritmo individual.
Esto no es normalizar. Mas bien opino que son reminiscencias de otras concepciones o necesidades personales. Yo confieso que he sentido, más de una vez, como brotes de anarquía ante el programa que yo consideraba más válido. Recuerdo haber dado toda una clase en rima, sin tener que trabajar la rima, haciendo intervenir a todo el alumnado. Resultó una sesión divertida y tuvo su aportación, pero reconozco que fue un momento de debilidad mía. Eso no se puede prolongar, porque repercutiría desfavorablemente en el alumnado.

 

Normalizar es conocer progresivamente cada contexto y todo lo que encierra para dominar la situación. Si ese periodo de normalización lo dedico a realizar otras actividades ajenas al contexto, lo único que consigo es desnormalizar. Es hacer que no sepan de dónde vienen ni a dónde van.

 

Si trabajamos en los seminarios, sabemos que el programa de un ciclo está totalmente coordinado con el anterior y por lo tanto, introducir cuanto antes cada contexto, es la forma de saber lo que cada alumna o alumno sabe así como la manera de que nor-malicen la situación: conocer el método de trabajo, los recursos y su uso, el para qué de cada contexto del departamento.

 

Cuanto antes se comience a trabajar en los contextos, antes dominaran la situación y sabrán desenvolverse en ellos, que al fin y al cabo es a lo que llamamos normalizar.
Dicho de otra manera, es haber puesto en orden la mente, los recursos, la actitud, tanto del profesorado como del alumnado.