Libertad


Entendemos por libertad el estado vital que se mueve entre lo individual y lo social.


Se ejercita sin invadir el derecho de las demás personas. Este derecho de las demás personas es el que marca lo que en la Escuela llamamos límite social. Al hablar de los objetivos, el límite social es la única norma que nos rige en el Centro.

 

El alumnado, por ejemplo, desde las primeras edades sabe que los espacios, los recursos repercuten o son para todo el alumnado, y por lo tanto son suyos y como tal los puede usar, pero también ha de ir aprendiendo que quien viene detrás tiene derecho a encontrarlo donde debe estar y en las mejores condiciones.

 

También entendemos por libertad el derecho a pensar, expresar, elegir, manifestarse como se es, respetando a las demás personas y el entorno que nos rodea.


Nuestra libertad puede estar coaccionada por la forma de vivir nuestros límites personales o sociales. Hay que aprender a percibir el límite social y los límites individuales, ligados a las capacidades y desarrollos de cada persona.


El autoconocimiento, el conocimiento de las propias limitaciones y capacidades, su asunción y deseo de superación es un camino hacia la libertad.


Liberarse de los miedos, de los fantasmas exteriores e interiores que limitan esa libertad.


Desarrollar el espíritu crítico ayuda a ser libre y viceversa.


La creatividad para hacer frente a las dificultades también la favorece.

 

(Loli Anaut)

Estoy leyendo el documento, pero me vais a permitir incidir en que liberarnos de los miedos, de los fantasmas exteriores e interiores que limitan esa libertad, liberarnos de nuestras propias ataduras, de nuestras propias barreras es todo un reto. Y aunque pocas veces he visto desarrollado el tema de los miedos en este marco de la libertad, me gustaría hacer un apunte o una pequeña reflexión en esta línea.

Hace tiempo empecé a ser consciente del mundo de los miedos, de los fantasmas. Recuerdo haber hablado, en cierta ocasión, con un compañero del que yo admiro su bello recorrido. Me decía: Loli, los miedos y los fantasmas son propios de todas las etapas de la vida. Conversamos mucho sobre el tema y es que en la Escuela nos damos cuenta cómo en las primeras edades el miedo está presente: miedo a los lobos, a los médicos, a los muertos, a los fantasmas. Son temas que se repiten siempre y que aparecen en sus juegos. Hacia los ocho años, ese miedo a que desaparezcan sus seres queridos. Los miedos relacionados con el grupo de amistades, con la pandilla, que se agudizan de manera muy marcada a los nueve y diez años: miedo al que dirán, a ser ignorados, a que se les dé la espalda, a que se les haga el vacío. Los temores fisiológicos, sexuales y otros miedos y desequilibrios de la adolescencia. Llegamos a la edad llama-da adulta y seguimos sufriendo como en las edades anteriores. Se cambian los papeles: miedo a perder sus hijos, sus hijas o a la pareja. Miedo a que padezcan los seres queridos. Miedo a perder la salud, a perder o no encontrar trabajo. Miedo a la soledad, a la muerte. Confieso que hasta hace unos años yo no era consciente de que generábamos tanto sufrimiento, tanto dolor.


Mas tarde he tenido ocasión de tratar este tema con colectivos muy diferentes y me he llegado a convencer de que sufrimos muchísimo por cosas que son fantasmas mentales, hechos que no existen y que quizás nunca llegarán a ocurrir. No van a ocurrir pero ya hemos sufrido. También sufrimos por hechos reales que los magnificamos, que los agrandamos. Y hechos inevitables que nos harán sufrir, pero ¿por qué sufrir hasta que lleguen? Los hechos ocurren, lo importante es cómo los vivimos.


Durante años, al terminar el curso y despedirme y despedirnos de ese alumnado que acababa su escolaridad en Amara Berri, siempre les recordaba algo que no se dónde lo aprendí: cuando os aparezcan u os invadan esos miedos, esos fantasmas que os llenan de dolor, construid un gran globo en vuestra mente. Meted dentro todos esos pensamientos y pinchad, explotad el globo una y otra vez, hasta que adquiráis el hábito y desaparezcan porque, os aseguro que, es una forma de ir construyendo el camino hacia vuestra propia libertad.


He necesitado decir esto, porque, a mi entender, es algo que condiciona nuestro crecimiento personal, porque invade nuestro pensamiento, paraliza nuestros proyectos, influye en nuestras elecciones, y no nos deja expresarnos ni manifestarnos desde nuestro propio ser.

 

También definimos la libertad como la autoridad que ejerce una persona sobre sí misma dentro de un marco cooperativo.


La libertad se ejerce en grupos sociales. Cada elemento del grupo en interacción puede potenciar o coartar el desarrollo de la libertad individual y colectiva, y viceversa.

En las dinámicas grupales con el alumnado, aunque lo mismo ocurre en el mundo de las personas adultas, cuando entre personas, o entre grupos, se genera un conflicto o está bloqueada una situación, no podemos mirar desde la barrera, porque no pertenecemos a esos grupos. Sabemos que cualquier intervención, aunque sea desde fuera: una simple palabra, un gesto, para bien o para mal modifica y puede desbloquear la situación. Todo es sistémico, y todo nos repercute de una u otra manera, como repercute nuestra acción u omisión ante ella.

 

La libertad, entendida como hacer lo que uno quiere, no existe. El que no exista la libertad entendida así, no quiere decir que no exista la libertad, sino que esa visión es falsa y queda anulada por la característica de ser social de la que nadie se puede evadir.


Cada persona la tiene. Pero también se pueden ganar o perder parcelas de libertad.

 

La libertad se concibe desde un marco sistémico y como medio o motor de cambio.


La libertad es identidad en evolución. Es factor de cambio.


La libertad siempre es dinámica. Está muy cerca de lo creativo. Es recrearte y recrear el marco social No soy yo en solitario, sino en interrelación y respeto mutuo.

 

La libertad, también se entiende como no dependencia, respecto a necesidades creadas (afectivas, de reconocimiento, físicas, materiales...).

 

Este enfoque se centra más que en tener, en no necesitar.


La libertad va más allá del puro resolver, conecta con educar, con crecer.


Como os decía en otro momento, la norma impuesta te centra en la norma y en su cumplimiento. La norma puede resolver, pero resolver no es lo mismo que educar.


La norma que surge de la necesidad genera compromiso, responsabilidad. Pero la libertad va mas allá de la norma, te invita a percibir nuestro entorno, y a tratar a las demás personas y a sus circunstancias desde la sensibilidad.

 

Cumplir la norma por sensibilidad social, es adquirir nuevas cotas de libertad.


La libertad se concibe como móvil y fin.


Es impulso y a la vez se convierte en objetivo vital.


La libertad es un proceso y se materializa en cada ahora.