Actividad


Incide en el hacer de una persona o en su facultad de obrar.


Genera autonomía:


“Todo lo que el alumnado, como grupo o como persona pueda hacer por sí misma, no se lo dé hecho el profesorado”. A él, también es aplicable este principio: lo que pueda hacer cada profesor o profesora no se lo dé hecho quien coordina, asesora etc.

 

Se entiende como mente activa, reflexiva:


Una mente despierta, con iniciativa.
Implica espíritu de curiosidad, de querer saber, de querer avanzar,...
No se puede confundir con el activismo, con el movimiento.
Una acción sin reflexión puede estropear o no ayudar a resolver adecuadamente una situación.


Implica la consciencia de que los previos marcan la calidad de la acción:


Implica tomar conciencia de que actuar y vivir con cierta “tensión vital y emocional” -entendida como postura abierta, de implicación, de no abandono, de estar ahí- marca la calidad de la acción.

 

Se genera, por la necesidad, por la motivación, por los intereses.

 

Va unida a la confianza que cada persona tiene en sí misma. Unida a la capacidad de reflexionar, de tomar decisiones, de hacer. Unida a la autoestima.


Una baja autoestima, una falta de confianza de la persona, en sí misma, frena la capacidad de reflexión, de toma de decisiones. Paraliza la acción. Este principio busca todo lo contrario.

 

Requiere competencia para hacer o actitud para prepararse:

 

A veces, las personas y en concreto el profesorado respecto a nuestra profesión, podemos conformarnos, creyendo que no hace falta saber más o diciendo: de eso no sé, así que no va conmigo; y nos cerramos los caminos, las posibilidades. El principio de actividad nos lleva a decir: Si no sé, me preparo, lo intento, por eso es un principio activo que incide sobre nuestras personas y sobre nuestra intervención con el alumnado. Es educar en esa actitud, en ese espíritu de búsqueda y de superación personal.

 

Precisa tener un objetivo claro:

 

De ahí la importancia de desarrollar unos objetivos claros para poder tener mayor apertura en la acción.

 

Este principio, esta concepción, supone una implicación personal.

 

La actividad lleva a movimiento, lleva a hacer:


Actitud de prontitud en la acción. “El movimiento se demuestra andando.”


Cuántas veces, porque es propio de la vida, tienes que hacer cosas que no te apetece hacerlas: una simple llamada, enviar un e-mail, entrevistarte con alguien, organizar o resolver algo etc. Lo llevas en la mente y cuanto más tardas en hacer la gestión, más te pesa. Es como las penas, se te ponen en la espalda y te encorvan. Por eso decimos: prontitud en la acción. A mí me ayuda ir al mapa, me refiero al planning, aunque antes no lo necesitaba. Anotar en la agenda: tal día a tal hora para esto; este otro día entero para... Solamente descargándolo en la agenda me siento bien, sin peso, porque sé que cuando llegue ese momento estaré en ello y lo llevaré a cabo.

 

La potencia el planificar desde un estilo personal:


Consciencia de lo que poseo, de lo que deseo, de lo que he conseguido. Situarse, dónde estoy. Ver qué falta, en qué dirección hay que actuar. Si soy consciente, busco y me muevo de una forma determinada, desarrollando las propias estrategias.

 

Cada cual es sujeto o protagonista de su propio crecimiento, de su propio hacer.

 

Esto que acabo de decir está en el documento que estoy desarrollando, y creemos que es así y desde ahí intervenimos en nuestro trabajo. No obstante pienso, que como las personas somos tan diferentes, también, en nuestro estilo de aprendizaje, en nuestro estilo de expresar, de comunicar, de pensar y de hacer, no siempre vamos directamente a planificar. Hablo desde mi experiencia. Hay veces que conozco el tema, el asunto concreto, pero no tengo conciencia de lo que poseo, de lo que deseo, de cómo debo
actuar y no puedo planificar con convencimiento. En ese caso yo uso una estrategia: cojo el tema y lo deposito en mi mente, junto con toda la fuerza de mi deseo. Yo sé que lo que busco está ahí, o en el subconsciente, quizás por lo de la memoria histórica, y sé que se está moviendo pero solo lo dejo estar, no presiono, no intento reflexionar sobre ello, es como si estuviese madurando dentro, pero tengo el total convencimiento de que me llegará, de que saldrá. Es como dar una orden de búsqueda, algocompleja, al ordenador y percibes que se mueve, que está buscando por dentro hasta que te responde en la pantalla. Aquí, ocurre algo parecido. Pasa el tiempo, y de pronto, no importa cuando, en cualquier momento, de día, de noche, es igual, se me hace consciente y, de pronto, veo las líneas del recorrido y siento el impulso de actuar o de planificar. Yo vivo esto como un proceso similar a cuando escribo, especialmente un tipo de poesía: no sé qué llevo dentro: siento como un zumbido, intuyo algo que se mueve y quiere aflorar. Me pongo a escribir de una tacada y es como si las piezas de un rompecabezas fuesen cayendo una a una y se pusiesen en su sitio. Es magnífico. Leo el escrito y entonces, descubro lo que siento, lo que me pasa.


He dicho todo esto, porque el razonamiento, la conciencia es clave en nuestra vida. Aprendemos a planificar y planificamos. Intentamos que aprendan a planificar desde su estilo personal, pero, desde lo sistémico, no podemos olvidar que la vida: nuestra vida y la del alumnado, nos puede sorprender cada día, porque, también depende de las expectativas, del deseo, de la calidad de nuestros sentidos, de la percepción de nuestra piel, de nuestros afectos, de la intuición y sobre todo de la apertura con que vivimos la globalidad y enfocamos todo esto.

 

La actividad va unida al esfuerzo:

 

Sin esfuerzo mental difícilmente hay avance, pero tiene que ser un esfuerzo posible,
porque sino, se desconecta y la actividad así planteada, no sería válida.

 

Va condicionada a la metodología utilizada y el papel que el profesorado juega en ella influye directamente en la calidad del hacer o actuar:


No se trata de motivar, sino de hacer que la actividad, el juego, el contexto conecte con las motivaciones que el alumnado tiene.

 

No se dan las cosas hechas. Se hace hacer. Se hace aflorar, se hace avanzar.

 

Se potencia más la calidad que la cantidad.

 

Sitúa al alumnado a través del propio contexto establecido: el método de trabajo, el paraqué, los recursos, la consciencia de los aprendizajes y capacidades que se desarrollan, las relaciones que se generan,...

 

Al ser una actividad procesual, la resituación constante en cada paso del proceso, la contrastación con el profesorado, la interacción con otros compañeros y compañeras y la crítica sistemática le permiten autoconocerse y avanzar.
La expectativa positiva que pone el profesorado en la acción del alumnado (creer y transmitir que lo puede hacer bien, hacerle ver los avances, sus límites y posibilidades), favorece el crecimiento de la autoestima.

 

Las personas somos la imagen que recibimos, la imagen que nos dan.

 

Ya salió el símil de la “hoja blanca y el punto negro”: ¿Qué veis aquí? “Un punto negro.” No, una hoja blanca y un punto negro.

Eso somos. Eso es cada alumna o alumno y ese debe ser el espejo que les ponemos delante para que se descubran como son. Un punto, dos, cinco ¿qué más da? Existen los puntos negros y queremos verlos con normalidad, con humanidad, porque no los veríamos si no estuviesen sobre la hoja blanca. Queremos que nuestra intervención se centre en la hoja blanca y no en los puntos negros, porque no cabe duda de que acaban siendo la imagen que les damos, como podemos acabar siendo la imagen que nos dan.

 

Se puede frenar o inhibir a la persona, en su actividad, adelantándose, resolviendo, queriendo acelerar los resultados o los procesos. Esta metodología cuestiona esta falsa eficacia:


– Resolver no es lo mismo que educar.
– Resolver no es lo mismo que aprender.
– Dar no es lo mismo que descubrir.

 

Puede ser que tengan limitada la actividad por determinadas circunstancias, limitada por lo que llamamos los previos, las actitudes. Se desarrolla interviniendo sobre los previos.